Profecias? Mormones, lo que no se ha dicho, Parte II
En la primera parte expuse, sin ánimo de
ofender a nadie, la inexactitud de algunas profecías que se detallan en el
libro del mormón, claro, aún hay cosas que considerar y lo analizaremos a
continuación:
El 12
de julio de 1843 encontramos una abierta contradicción con la declaración
del Libro de Mormón. Por esa fecha, Smith ya había puesto en práctica su
doctrina del matrimonio plural, no es extraño, especulamos, que dicha
revelación no fuera más que un procedimiento justificativo, destinado a un
público religioso, pasible de creer muchas cosas, aunque las mismas fuesen
contradictorias y contrarias a las prácticas costumbristas de la época. En esta
revelación da la impresión como que Dios sale al paso de una ola de rumores,
para justificar la conducta del profeta sin importarle que en ese procedimiento
su mismo carácter se revele a los hombres como contradictorio.
"60
Por tanto, nadie censure a mi siervo José, porque yo lo justificaré; pues él
hará el sacrificio que yo le exigiere por sus transgresiones, dice el Señor tu
Dios.
"61
Además, tocante a la ley del sacerdocio: Si un hombre se casa con una virgen y
desea desposarse con otra, y la primera consiente y él se casa con la segunda,
si son vírgenes y no han dado su palabra a ningún otro entonces queda
justificado; no puede cometer adulterio con la que le pertenece a él y no a
ningún otro” (Doctrinas y Convenios 132:60-62.)
Y he
aquí la tremenda contradicción de la que hablamos, nótese lo que dice el libro
del Mormón con respecto a la poligamia:
“26
Por tanto, yo el Señor Dios, no permitiré que los de este pueblo hagan como
hicieron los de la antigüedad.
"27
Por tanto, hermanos míos oídme y escuchad la palabra del Señor: Pues entre
vosotros ningún hombre deberá tener sino una esposa; y concubinas no
tendrá". (Jacob 2: 26-28.)
Además
de la evidente contradicción, se infiere la posibilidad de que el profeta
hiciese extensiva a los demás fieles esta “ley”, con el fin de no ser objetado.
Fawn Brodie cuenta cómo Benjamín Johnson amenazó de muerte al profeta por tomar
a su hermana Almera como su esposa número veinticuatro, en abril de 1843 (la
revelación de la poligamia es posterior, es de julio de 1843), y el profeta le
da a Mary Ann Hale como su primera esposa plural, con lo que compra su
silencio, su crítica y su conciencia. Claro que todo esto suena vacío e
incompresible al considerar las palabras del profeta en respuesta a una serie
de preguntas sobre doctrinas y costumbres de los mormones que Smith preparó y
publicó el 8 de mayo de 1838 para responder a las inquietudes de la prensa:
"Sexta:
¿Creen los mormones en que deben tener todas las cosas en común?
No.
Séptima:
¿Creen los mormones en tener más de una esposa? A la misma vez, No"
(Joseph Fielding Smith. Elementos de la Historia., págs. 138,139).
Léase
además la siguiente cita del Libro del Mormón:
2 Nefi
28:15 ¡Oh los sabios, los instruidos y los ricos que se inflan con el orgullo
de sus corazones, y todos aquellos que predican falsas doctrinas, y todos
aquellos que cometen fornicaciones y pervierten el recto camino del Señor! ¡Ay,
ay, ay de ellos, dice el Señor Dios Todopoderoso, porque serán arrojados al
infierno!
Todas
estas imprecisiones y contradicciones hacen ilógica a la doctrina mormona,
amenazan su confiabilidad y logran que sus escritos no puedan ser tenidos en
cuenta con seriedad y así ser pasibles de sospecha de patraña, de invención
humana y de concepción herética.
Sin
embargo, debemos reconocer que estas mismas contradicciones y profecías no
cumplidas nos ayudan a mostrarles a todas las personas sinceras que hubiesen
abrazado este movimiento ciertas realidades desconocidas para ellas. Y luego,
queda en el recinto de la conciencia individual el acto de salir de la
oscuridad para caminar en la segura luz de la verdad.
Pero
¿Qué pensaba Smith de su propio don de profetizar? En medio de estas
declaraciones alocadas, disparatadas y confusas del profeta, no es raro que sus
seguidores no hubieran percibido los mensajes que el profeta emitía más allá de
las mismas palabras. Si los menta-mensajes del profeta se hubieran captado,
hubiese sido muy fácil comprender qué pensaba José Smith de su propio
profetismo, porque cuando fue acusado de ser un falso profeta, Smith se
defendió del cargo con estas palabras: "Ningún hombre está autorizado para
quitarle la vida a otro por motivo de diferencias en cuanto a la religión, la
cual todas las leyes y gobiernos deberían tolerar y proteger, ya fuere
verdadera o falsa. Todo hombre tiene el derecho natural, y en nuestro país, el
derecho constitucional, de ser profeta falso así como profeta verdadero".
(José Fielding Smith, op. dt., pág. 426.)
Al
reflexionar en estas palabras del profeta y pesarlas por su contenido y valor,
viene a mi mente una sola pregunta: ¿qué pensaba José Smith de su propio
profetismo? ¿Creía que era un Profeta verdadero o un profeta falso? Al menos en
esta declaración lo que él pensaba era que el derecho constitucional de los
Estados Unidos amparaba tanto al profeta verdadero como al profeta falso. En
cuanto a si mismo, no afirmó si era verdadero o falso.
¿Podemos
imaginar al profeta Isaías o a Elias diciendo?: “Aquí en Israel todo hombre
tiene el derecho de ser profeta falso como profeta verdadero" ¡Jamás!
Porque el profetismo no se ampara en el derecho y porque el pueblo tenía medios
para conocer si un profeta era falso o genuino.
Ante
esta ambigüedad, y lo reiterado de sus frases ambivalentes, hay mucho más
terreno para dudar del profetismo de José Smith, que para creer en él.
Creo
que hubo un momento de lucidez en la vida de Smith cuando escribió una frase
resonante, digna de transformarse en su propio y dignísimo epitafio:
"Porque aunque un hombre reciba muchas revelaciones y tenga poder de hacer
muchas obras poderosas, sin embargo, si se jacta de su propio poder y desecha
los consejos de Dios, y sigue los dictámenes de su propia voluntad y deseos
carnales, tendrá que caer e incurrir en la venganza de un Dios justo".
(Doctrinas y Convenios 3:4.)
Si
Smith fue un profeta de Dios, entonces todos deberíamos hacernos mormones. Pero
esto puede ser difícil ya que en la actualidad existen en los Estados Unidos
más de una docena de denominaciones mormonas, compitiendo y reclamando ser la
“verdadera” iglesia de Cristo, sin tener en cuenta los lunáticos que forman sus
propios grupos y se refugian en las montañas o los desiertos. Por supuesto que
todas dicen ser la “verdadera iglesia”. entre ellas las más conocidas son: La
Iglesia de Cristo, La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,
y la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,
ahora retitulada como “Comunidad de Cristo”. Como nosotros no vivimos en la
zona oeste central de los EEUU, todo lo que encontramos en nuestro diario vivir
son los misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días (S.U.D.), cuya sede central está en Salt Lake City, Utah. Esta iglesia
mormona cuenta con una presencia de más de cuatro millones de miembros en
Latinoamérica.
Trátese
de la secta mormóna que se trate, todas ellas tienen algo en común. Todas
reclaman que Joseph Smith fue un profeta de Dios y que sus doctrinas deben ser
recibidas como viniendo directamente de Dios y todas ellas usan el testimonio
del “ardor en el pecho”.
“Pero
he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme
si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto,
sentirás que está bien”. (Doctrinas y convenios 9:8)
Ellos
memorizan y repiten algo así como esto o similar: “Yo sé que Joseph Smith es un
profeta de Dios y que el Libro de Mormón es la Palabra de Dios porque me puse
de rodillas y le pedí a Dios que me diera un testimonio de ardor en el pecho de
si estas cosas eran así. Ahora le doy mi testimonio de ardor en el pecho
que Joseph Smith era por cierto un profeta de Dios y que el Libro de Mormón es
la Palabra de Dios”. El problema con tanta ingenuidad es que cualquier adepto
de cualquier secta o religión dirá que su corazón le asegura que su religión o
teología es la verdadera. Los sentimientos no prueban nada.
Raul.
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