Lo importante, lo imprescindible y lo necesario

 Sobreviviente, sí, así me siento, como un sobreviviente, los tiempos en que vivo actualmente cambian a una velocidad impresionante, y siento que no fue así siempre. 

 

Nací el 24 de febrero de 1984, en aquella época la vida era muy distinta, las personas se informaban leyendo los periódicos en papel, escuchando la radio, o, viendo el noticiero en la TV en los horarios establecidos, no existía el internet, ni los smartphones, si querías ubicar a alguien debías ir a buscarle en el lugar donde estaba, o, podías llamarle por teléfono fijo y si no estaba en ese lugar podías dejarle un recado si había alguien con quien dejárselo claro está...; eran otros tiempos definitivamente. 

 

Los niños eran mucho más activos que los de hoy, pasábamos el día en las calles jugando con nuestros amigos del barrio, y, aunque, al poco tiempo aparecieron ciertas consolas de videojuegos, aun así, quienes no teníamos el privilegio de tener una en casa, salíamos a las salas de juego que te alquilaba el servicio por horas, y en el camino vivíamos aventuras impensables, eran días maravillosos.

 

Pareceré un viejo cascarrabias al decir esto, pero, la tecnología ha hecho que cada vez tengamos que salir menos de casa y así nos encierra en un mundo egoísta donde la autosatisfacción es lo principal. Ya no hace falta salir de casa ni para comprar comida, lo tienes todo al alcance de un clic y nos hemos vuelto dependientes de la tecnología, al punto que si nos quedamos sin carga en el móvil y no tenemos un cargador cerca podemos caer en desesperación, en ansiedad o extrema preocupación; del mismo modo, hoy tener un dispositivo móvil y no tener acceso a internet puede convertirse en una verdadera odisea. Nuestra dependencia de la tecnología crece cada día más, al punto que muchos llegan a pensar que una vida sin tecnología es imposible. Un simple corte de energía por un lapso de varias horas puede causar problemas graves en nuestra sociedad actual.

 

De vez en cuando es muy bueno, diría que deseable y hasta necesario resetear nuestra vida, volver a lo básico, a las conversaciones en las calles o en los restaurantes, mirándonos a los ojos, volver a disfrutar de los paisajes, el viento o la brisa acariciando nuestro rostro, desconectarnos del mundo por un momento y disfrutar de lo que realmente es la vida.

 

Si perdiéramos la capacidad de ver, seguramente aprenderíamos a disfrutar de la vida de maneras diferentes, ¿por qué no hacerlo ahora cuando tenemos todos nuestros sentidos disponibles?

 

Eso nos dará una perspectiva de la vida diferente y tendremos una razón mas para estar vivos.

 

Mira a tu alrededor, disfruta de tu entorno, lee un libro físico, estimula tus sentidos, disfruta de los sabores y de los olores que nos ofrece el mundo. Vive.

 

Nos leeremos pronto

 

Raul.


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